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“La rebelión del 69”, la epopeya olvidada de los wayuu en la gesta independentista


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Foto: Cortesía Weildler Guerra Curvelo

 

Por Leonel López

“Mi estimada hermana. Hoy domingo, a las ocho del día, se apareció un grueso número de indios en caballos ligeros por la parte del camino de esa ciudad [Riohacha], unos y otros por el cardonal inmediato a embestir los caballos del rey y la demás hacienda, con tal desgracia que no se pudo remediar nada con el auxilio que se les dio, porque cuando llegaron, ya habían arrebatado las bestias y herido un miliciano […] en fin, la función duró hasta las diez y sólo murió el sargento encargado de las bestias nombrado Juan Josef Socarrás…”, describe una carta de una residente de Villa Pedraza a su hermana quien se encontraba en Riohacha a inicios de mayo de 1769.
Los hechos narrados en el fragmento corresponden al alzamiento militar protagonizado por indígenas wayuu el 2 de mayo de 1769 en lo que hoy conocemos como el departamento de La Guajira, Colombia. De las líneas emana un sentimiento de miedo y describen la fiereza con que varias comunidades wayuu se levantaron en contra de las autoridades españolas y vecinos hispano-criollos de la provincia de Riohacha.
Fue así como la gran nación wayuu escribió un capítulo en la gesta independentista mediante aquélla epopeya conocida como la “rebelión wayuu del 69”, un hecho de connotadas proporciones que no fueron agregadas a las páginas de la historia oficial colombo-venezolana.
Precisamente el festival de la cultura wayuu en su edición 24 de este año abordó como eje temático “El Bicentenario y la Gran Nación Wayuu” en un foro que contó con la participación de historiadores reconocidos como el antropólogo Weilder Guerra Curvelo, premio nacional de cultura en el área de antropología 2001-2002, José Polo Acuña, director del programa de historia de la Universidad de Cartagena, y el magíster en historia de la Universidad de Colombia, Vladimir Daza Villar, quienes junto a un grueso número de asistentes se dieron a la tarea de reescribir la historiografía oficial hispanoamericana.

La otra rebelión
Weilder Guerra Curvelo parte al decir que existen nuevos enfoques en el estudio de los procesos independentistas protagonizados por diversos sectores populares. “Valga la cercanía al Bicentenario del proceso de independencia de Colombia y Venezuela para que en este marco del festival de la cultura wayuu reflexionemos sobre los alzamientos indígenas. Estos enfoques están centrándose en la participación de los heterogéneos sectores populares más que en figuras heróicas habitualmente resaltadas por la historiografía convencional”, fundamenta Curvelo.
“Estas nuevas perspectivas dirigen su atención a lo que historiadores como Eric Van Young [EE.UU] han llamado la otra rebelión en la que fueron protagonistas diversos grupos sociales como negros, campesinos e indígenas que resistieron el orden colonial español y sus proyectos de modernización buscando preservar sus territorios, conservar sus sistemas normativos y, en general, sus formas de vida y de interacción con otras comunidades humanas próximas o distantes en términos geográficos”, argumenta.

La chispa detonante
Según Curvelo, la segunda mitad del siglo dieciocho fue un periodo caracterizado por grandes alzamientos indígenas en América. “Entre estos se encuentra la llamada Insurrección de los Andes que se llevó a cabo entre 1742 y 1782, cuyas figuras centrales fueron Tupaj Amaro y Tupaj Katari, en las tierras altas que hoy llamamos peruanas y bolivianas”, menciona.
Prosigue el historiador y contextualiza los levantamientos indígenas en continente americano con el alzamiento ocurrido el 2 de mayo de 1769, mencionando de antemano que la posesión del ganado estuvo con frecuencia en el centro del conflicto. “Los frecuentes hurtos de animales servían de pretexto para tomar grandes cantidades de estos a los nativos como lo expresaba en 1772 un vecino de Riohacha al Virrey Mesia de la Zerda: la maniobra principal de aquella campaña para que tuviese un feliz éxito, consistía en quitarles los ganados a los yndios que es en lo que fundan su principal soberbia”, acotó.
“La revuelta se inició en los poblados indígenas cercanos a Riohacha como eran el Rincón, Laguna de Fuentes, La Cruz, Cercadillo, Orino y Cayuz. Una expedición armada que debía marchar hacia el territorio de los indios cocinas a reprimir sus constante hurtos de ganado se dedicó a cometer atrocidades contra los indígenas guajiros pastores [wayuu] poseedores de ganado que nada habían tenido que ver con dichos hurtos”, narra.
Enfatiza el especialista en antropología que la reacción de los grandes jefes nativos de la época fue tan rápida como feroz. “Quemaron los poblados y hatos existentes, dieron muerte a religiosos y a decenas de milicianos y civiles que se encontraban en el territorio guajiro y rechazaron con violencia las oleadas de represión y las partidas de refuerzos del Valledupar llegaron a sofocar este alzamiento”, agregó.

Próceres wayuu
Por su parte, el historiador colombiano José Polo Acuña, planteó durante su ponencia en el foro “Bicentenario y la Gran Nación Wayuu” que el suceso de mayo del ´69 ha sido olvidada la participación de los wayuu en el período de la independencia. “Es un hecho totalmente borrado, incluso en la misma época de emancipación, entre 1810 y 1830 aproximadamente”, precisa.
En consonancia con su exposición, Acuña, en una publicación titulada “1769: rebelión wayuu”, menciona que la incursión militar del 2 de mayo no fue homogénea, “algunas parcialidades estuvieron más comprometidas directamente y otras apoyaron de manera indirecta al alzamiento”. “Quienes tomaron parte decisiva fueron las parcialidades cercanas a Riohacha que se encontraban en los pueblos del Rincón, Orino, La Cruz, Camarones, Manaure, Boronata, entre otras. Las que residían en la Alta Guajira (norte) apoyaron con armamento e información a los alzados en armas”, explica.
Para Acuña, los líderes sobresalientes fueron ‘El Capitancito’, del pueblo del Rincón, y ‘Juan Jacinto’, de Bahía Honda. “Otros jefes sin embargo también participaron como fue el caso de ‘Antonio Paredes’, de Chimare; ‘Pacho Gámez’, de Manaure y Carrizal; ‘Chepe’ de Bolombolo y Félix Cigarroa, del pueblo de La Cruz.
“Detrás de estos jefes estaban los numerosos indígenas combatientes, cuyos nombres ni apodos aparecen en la documentación oficial”, sentencia el investigador.

Autonomía territorial
Finalmente, el catedrático, doctorado en historia de la Universidad Central de Venezuela, basado en una reciente historiografía que en asume en nuevos términos el papel desempeñado por los grupos populares, expone que para el período 1810-1830, el territorio de la Guajira y su población indígena habían recuperado en un alto grado su autonomía. “Al final del siglo dieciocho, los españoles ya se habían retirado de la Guajira, y la república sólo se circunscribe a Riohacha y sus alrededores. Cuando culmina el proceso de independencia y la lucha militar por los territorios, los wayuu controlaban el 99 porciento de sus tierras, la república no tenía efectivamente acceso ni control sobre esas zonas”, infiere.
Relata que para la época habían desaparecido las misiones capuchinas y los pueblos con intentos de refundarse después del alzamiento armado de 1769. “Riohacha y Sinamaica fueron los únicos poblados que pudieron mantenerse en pie en medio de la presión nativa”, concluye.

“Los caudillos wayuu lucharon por preservar su autonomía política, económica y cultural, por defender su territorio, su forma de vida y su lengua. Sus nombres no se encuentra hoy en los textos de historia, ni en los oleos de los héroes, ni en el papel moneda de nuestro país. Acaso sobrevivan en los cantos épicos llamados jayeechis que los borrachitos wayuu cantan cuando se sienten nostálgicos y desean evocar un pasado familiar grandioso y memorable”. 
Antropólogo Weilder Guerra Curvelo, conclusión en el foro “Bicentenario y la Gran Nación Wayuu, realizado en el XXIV Festival de la Cultura Wayuu, mayo de 2010

La Asamblea Departamental declara el 2 de Mayo como el Día de la Guajiridad, en conmemoración de la defensa del territorio y la cultura propia mediante la sublevación de todas las comunidades wayuu contra la administración española en Riohacha y la Guajira.