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Ser india, ser pobre y ser mujer


Imagen para el centrounido

Hilario Chacín

(@ChacinHilario)

 

Paraguaipoa, Venezuela. Desde el primer instante en que los indígenas del Abya Yala, vieron bajar desde unas embarcaciones unos hombres blancos, desconocidos, venidos del otro lado de palaa- mar, fue el principio del maltrato por parte de los intrusos a los habitantes de la tierra de gracia, hasta nuestros días. La mujer indígena ha sido objeto de las diferentes formas de violencia estructural, precisamente por su triple condición de excluidas: ser india, ser pobre, ser mujer.

A pesar de que la mujer desde el propio enfoque originario, es concebida como portadora privilegiada de la herencia cultural, gracias a ella perviven las costumbres propias, la transmisión de la cultura a sus proles, así como su lucha constante e insistente contra la exclusión étnico-cultural. Son el pilar de la familia por la que entregan toda su vida y por la que su dedicación diariamente es absoluta. Se encarga de cuidar a sus hijos y enseñarle toda la cultura propias que más tarde ellos enseñarán a los suyos.

Sin embargo, en los últimos tiempos, en América latina y el resto del mundo, a través de los años y según su lugar de desarrollo la mujer indígena ha buscado afanosamente su libertad e igualdad socialmente hablando, ha tomado varios caminos; dado que en diferentes países para nada se ha dado la igualdad de sexos, en otros más, ha sido totalmente igualitario. La sobrevivencia de nuestros pueblos se debe en gran parte a la lucha anónima y tenaz de las mujeres indias; sea en el campo o en la ciudad, ellas desempeñan un papel fundamental en la lucha contra la pobreza, el hambre y la exclusión social y étnico-cultural, y hacen posible el mantenimiento de la unidad familiar sobretodo en el medio rural.

La mujer wayuu: su importancia
En el pueblo indígena wayuu la mujer tiene gran importancia no solo desde la procreación, sino como la matriz de la cultura y la portadora de la carga moral. Ella lleva consigo el elemento más importante, ser la responsable de heredar a sus descendientes su clan y perpetuar el linaje de su familia.
Esta importancia de la fémina desde su genitalidad y su función procreadora esta evidenciada en la historia de Wolunka, en el cual esta mujer le fueron rotos los dientes de su vulva para que pudiera copular y así reproducir la humanidad. También esta importancia se sustenta en el reconocimiento que hace la visión de la tierra Mma como la gran madre, generadora de vida quien al ser fecundada por Juya-Lluvia dio origen a la humanidad. La mujer wayuu orienta, aconseja y educa; ejerce una gran influencia sobre los Aaschiin (varones) de su linaje en casos de conflictos o guerras, en dos sentidos: apaciguando o incendiando a través del llanto y los reproches.

La mujer wayuu es admirable, fuerte, trabajadora, camina cientos de kilómetros con un kattoui a cuesta en busca de aguas y leñas, es la misma que vemos caminando con un tobo de a’yajaaushi (leche con mazamorra), ofreciendo de casa en casa para el sustento de sus hijos. Hoy en día, la problemática de la mujer indígena en la ciudad y las comunidades indígenas abarca directamente los aspectos centrales de nuestro desarrollo como país: la política económica, agraria, educativa, de salud, vivienda, los derechos humanos, etc. Pese a los siglos transcurridos de constante exclusión, la mujer indígena sigue persistiendo y transmitiendo vida a los pueblos originarios del continente; y es a la vez portadora de esperanza para el rescate y visibilización de nuestros pueblos amenazados.

En la Gran Nación Wayuu según la memoria histórica, la mujer era respetada por su rol en la reproducción biológica, social y económica, pues participaba activamente en los diferentes modos de producción que generaban los excedentes necesarios para que el wayuu estableciera sus relaciones de reciprocidad (por ejemplo, en el campo trabajando la tierra, en los Apain (huerto familiar) tejiendo finos chinchorros para el intercambio de lealtades sociales y políticas con los señores recién conquistados o con los guerreros o funcionarios destacados, o preparando la chicha para los rituales religiosos). Por esas funciones, las mujeres, vinculadas cósmicamente a la luna, y a la fertilidad de Mma-tierra, tenían sus ritos y ceremonias, sin las cuales no había equilibrio complementario, producción ni reproducción cultural en los andes prehispánicos.

Mujer indígena, la espiritualidad
La mujer representa la parte espiritual, la que pregona la paz y la armonía dentro de la familia. Se le otorga respeto especial como la figura idónea para orientar a sus hijos y transmitir los valores culturales. Las mujeres wayuu se caracterizan por ser muy activas e independientes dentro de su ámbito. La mujer tiene el don de transmitir los mensajes de los ancestros, para prevenir, advertir o aconsejar. Generalmente, esto es a través de sueños a los que se les atribuye un significado especial y que representa una revelación sobre un próximo acontecimiento. Dependiendo del sueño, se debe cumplir un ritual (encierro) y la familia prepara una especie de celebración para rendirles honor a los antepasados.

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En la administración pública
La lucha de la mujer indígena por alcanzar un espacio protagónico y un sitial de honor en la administración pública, se viene gestando desde la época de la colonización europea, encarnándose en líderes como Anacaona, quien enfrentó a los invasores colonialistas en la Isla La Española (hoy Haití). Anacaona se rebeló, siendo apresada en una celada tendida y luego colgada públicamente a morir en la horca. Igual ocurre con Gaitana, la cacica de Tamana, una mujer de alma feroz que lideró la pugna anticoloniaslista en la Colombia del siglo pasado. Gaitana al perder la guerra contra los españoles, se suicidó lanzándose desde el Alto del Pericongo a las aguas del rio Magdalena prefirió la muerte antes que claudicar.

También cabe resaltar algunas mujeres que traicionaron a su pueblo colaborando con los invasores, como la malinche wayuu de Alonso de Ojeda, “La India Isabel”, arquetipo de la malinche de Hernán Cortez. Tal vez sea ejemplo para algunas lideresas que se parcializa con un color político y buscan el beneficio propio, olvidando a su pueblo y el sentido colectivo.

En países como Bolivia, Colombia, Perú y Venezuela, las mujeres han dado un paso, para ocupar cargos públicos; por lo que existe un buen números de mujeres indígenas en casi todos los poderes: en el poder Ejecutivo, ministras, directoras de programas) en el poder legislativo (congresistas, senadoras, diputadas, legisladoras, concejalas y consejeras) en el poder judicial (juezas, fiscales, defensoras públicas) en el poder moral (defensoras del pueblo indígena, en el poder popular voceras, representantes legales, autoridades tradicionales, presidentas de fundaciones y beneficencias.

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Mujeres wayuu que desafían el presente
El liderazgo de la mujer indígena no es impuesto, ni por ella, ni por un grupo, la jikiipü’ü lideresa se va ganando espacios con su conducta, con su sabiduría es un ejemplo en su vida misma, por su preocupación por los demás y en este sentido, pareciera que la mujer indígena ejerce un liderazgo natural, por su papel en el mundo indígena. Existe una larga lista de mujeres wayuu que durante el siglo pasado y el presente en busca de la paz social, se han descrito a través de ejemplos paradigmáticos, mujeres que tomaron las iniciativas en reivindicación de sus derechos, haré mención a algunas de ellas como: María Colombia Menases Ja’yaliyuu, fue una de ellas, levantó su voz a principios de los años setenta, exigiendo a viva voz ante el estado colombiano la construcción de un internado indígena en la región de Siapana alta Guajira, construcción de jagüeyes, molinos de vientos, electrificación, elevación de Siapana como corregimiento del municipio de Uribía, a través del proyecto Número 01 de noviembre de 1982, con el apoyo de los concejales de aquel entonces Edén Vizcaíno y Daniel Posada, numerosas escuelas en varias comunidades. Hoy día, vemos el fruto de esa lucha de la connotada líder, son huellas que quedan vigentes.

La señora Raquelina Fernández Epieyuu, de la comunidad de Palaashipa’a, actual Flor del Paraíso, municipio de Uribía, lideró varias comunidades y logró la construcción de centros de salud, internado para los niños y niñas en esa zona apartada, logro resolver innumerables conflictos interclaniles, haciendo honor a su investidura como corregidora del corregimiento del Flor del Paraíso, hasta el último día de su existencia.

Las maestras Irma Iguarán y la finada María Luisa, son recordadas como una de las maestras que enseño a muchos niños y niñas de la alta Guajira, Irma Iguarán es una destacada líder cofundadora de la organización Asociación de Jefes Familiares Wayuu del Norte de la Guajira “Wayuu Araurayu”, constituida el 3 de abril de 1.994. Irma a través de esta organización ha estado involucrada en la prestación de servicio público educativo dirigido a la población indígena de la alta Guajira, a través de programa de bachillerato y alfabetización para personas adultas. Las huellas de Remedios Fajardo queda indeleble en las luchas por la etnoeducación a través de la Organización Social sin fines de lucro “Yanama”.

En Venezuela, a raíz de la inclusión de los derechos de los pueblos indígenas en la constitución de la República Bolivariana de Venezuela, se hizo evidente la participación de la mujer indígena, la lucha de Noeli Pocaterra, se evidencia a través de las promulgaciones de leyes y otros instrumentos jurídicos en pro de los pueblos y comunidades indígenas: fundó la Red de Mujeres Indígenas y una de las propulsoras de programas y becas estudiantiles en la Universidad del Zulia y la Asociación de Estudiantes Indígenas de la Universidad del Zulia ASEINLUZ.

Otra mujer que saltó a la palestra a principios de 2000 es la doctora Noly Fernández Epieyuu, mujer emprendedora que fundó el Servicio de Atención y Orientación al indígena (SAOI), en los hospitales con población indígena a nivel Nacional con el propósito de ofrecer un servicio que apoye al paciente indígena. Creadora de la Dirección Nacional de Salud Indígena donde inició procesos de participación directa y protagónica de los pueblos indígenas del país desde el año 2004 hasta 2010.

Cabe mencionar a dos grandes mujeres guerreras que diariamente batallan contra las adversidades de la vida misma, fundadoras del periódico Wayuunaiki, se trata de María Dulcinea Montiel y su hija Jayariyú Farías Montiel, quienes dieron un salto para difundir la realidad de los pueblos indígenas, a través de un medio impreso. Wayuunaiki, se visiona como una institución al servicio comunicacional de los pueblos y comunidades indígenas que fomenta la identidad cultural y la participación social, la cual permite sentar las bases para un modelo de conservación de los valores y principios éticos morales de innovadores críticos de los saberes ancestrales.

También vale resaltar las mujeres anónimas, que por sus especialidades médicas tradicionales, se ganan el aprecio y la admiración de su gente, como un prodigio dado por Ma’leiwa-Dios creador; tales como la legendaria “MAKUANTA”, un personaje muy reconocido en la Guajira por sus trabajos efectivos en la medicina tradicional como Guía Espiritual (Ouutsu). Su nombre propio era Elvira González. Tenía su residencia en la comunidad de Campamento, municipio Páez hoy Guajira, su imagen queda grabada en la memoria de los padres y abuelos que la conocieron y que les brindaron un servicio de calidad en materia de curación de infantes su fuerte especialidad. Sin embargo, la identidad de las mujeres se ha forjado y se forja en los contextos más amplios de la realidad cotidiana, de las costumbres y de los roles ejercidos en consonancia con un sistema complejo de organización. Dolores Fernández Ja’yaliyuu, fundo un dispensario, una escuela en Porshoure, una escuela, molinos de vientos, fue una lideresa nata.

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Reconocimiento internacional
Bartolina Sisa, fue esposa del célebre guerrero Tupak Katari y una heroína aymara, quien para el año 1.870 lideró una rebelión indígena en contra de los españoles, por haber usurpado las tierras de su pueblo en la región andina. Preparó una campaña logística y bélica con las tropas aymaras en ausencia de su marido, y dirigió las líneas de contención en la ciudad de la Paz. En el segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos Indígenas de América, organizado en el año 1983 en la ciudad de La Paz, Bolivia tras un intenso debate, se llegó al acuerdo de celebrar el Día Internacional de la Mujer Indígena el 5 de septiembre de cada año. La fecha se escogió en honor a esta ilustre mujer indígena, pues en esa fecha fallece en la Plaza Mayor de la ciudad de La Paz, luego de ser torturada y ejecutada.