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La Invasión, el suburbio wayuu de la migración venezolana


2 La Invasión

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Andrés Boscán

En medio del desierto de Uribia emergen cambuches (ranchos) de latas, trapos y cartón, donde residen al menos siete mil venezolanos, wayuu y colombianos retornados en lo que han llamado La Invasión. Allí vive Octavio, niño wayuu. Él regresa a casa junto con sus hermanos, luego de acudir al comedir comunitario financiado por el Programa Mundial de Alimentación (PMA) de las Naciones Unidas.

El bajo ingreso de esta familia, proveniente de Maracaibo, no alcanza para alimentar a todos. Por esto, los pequeños desayunan y almuerzan con frecuencia en el comedor de la Fundación Guajira Naciente, donde se sirven mil 200 raciones para niños, mujeres embarazadas, madres lactantes y personas de la tercera edad. Difícilmente un hombre es admitido.

“Uno llega aquí buscando el apoyo de la familia y oportunidades; pero es difícil tener que invadir y que nada sea seguro, porque siempre está la amenaza de que nos van a desalojar”, comenta la madre de Octavio que se dedica a cuidar a los niños en el terreno dónde ha levantado una enramada para la cocina y otra más en la que cuelga un par de chinchorros. Su esposo hace trabajos de albañilería.

01 Octavio y su mama en el cambuche

Desde septiembre de 2018 los alrededores de los barrios Enrique Ipuana y El Aeropuerto han dado acogida a la migración mixta, proveniente de Venezuela, una zona donde nadie se ha atrevido a levantar paredes de bloques y cemento, ni abandonar los pocos metros cuadrados ocupados porque otro puede llegar y quitárselos.

Hasta el momento, la alcaldía de Uribia no ha hecho pronunciamiento oficial sobre el crecimiento desmesurado de esta comunidad, entendiendo que se trata en su gran mayoría de familias wayuu que han retornado a su territorio de origen.

la dignidad del trabajo

La venta de combustible, producto del contrabando, es en gran medida el sustento de muchas familias radicadas en la barriada; a diferencia del esposo de Gladys Montiel que trabaja como ciclotaxista de lunes a sábado, “los domingos, no, porque la gente no sale”, y que gana en promedio 20 mil pesos diarios, sin contar los ocho mil de la cuota de arriendo del vehículo.

Gladys, oriunda de Guarero, tiene cédula colombiana y llegó a Uribia para dar a luz, dada la falta de medicamentos y la mala alimentación que tenía en Venezuela. La joven de 22 años tiene otros tres hijos, se le entiende medianamente el español y no culminó la escuela, pero con frecuencia se pone a tejer a pesar de que no tiene insumos.

Según fuentes militares, que prefirieron mantenerse en el anonimato, se suele recorrer la zona para evitar que grupos al margen de la ley se instalen en comunidades como esta y se aprovechen de la vulnerabilidad de las personas. “Muchos se dedican a la venta de gasolina, pero es entendible que este sea el único sustento cuando no hay oportunidades de empleo y superación”.

Desnutrición infantil

El comedor comunitario se ha convertido en el punto de encuentro. Todos los sábados se hacen los controles de pesaje y medición a los niños y niñas para determinar si existe un grado de desnutrición. Así fue como Yurleida y su pequeña niña, de cuatro años, fueron remitidas a un centro de salud para atender el cuadro de hepatitis B con el que llegaron a Uribia hace más de tres meses.

“Mi mayor preocupación son mis hijos, pero llegamos buscando el apoyo de la familia de mi esposo que sí es wayuu. Por sus tradiciones, los niños no son reconocidos como wayuu, y ahora nos toca buscar la manera de subsistir”, explicó la joven alijuna (no wayuu).ºº

3 Yurleida entrevistada por France 24

Albeiro Jiménez, auxiliar de registro del comedor comunitario, aseguró que mucha de esta población llega en condiciones de salud bastante deplorables. “Con afecciones en la piel, enfermedades crónicas y en desnutrición severa”.

En promedio, el 80 por ciento de las personas atendidas son wayuu retornados, muchos no saben leer ni escribir y suelen vivir en La Invasión por la cercanía del comedor.

3 Jornada de atencion infantil