Sandra Morales, la wayuu sin padrinos políticos

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Ana Karolina Mendoza

@AnaKarolinaMP

 

Riohacha, Colombia.  ­“Una tarde, iba en mi camioneta -4Runner- hacia mi casa materna, en Puerto Estrella. En el camino, en pleno desierto, me encontré con un mecate como alcabala. Una niña wayuu salió corriendo al ver la camioneta. Cuando se acercaba, abrí la puerta. Tenía la cara hermosa; estaba descalza, despeinada. Se quedó mirándome con los ojos y la boca abiertos. Percibí su asombro. La saludé en wayuunaiki y ella me respondió también en nuestra lengua. Me dijo que quería ser como yo y le dije que para eso debía estudiar; que, a pesar de todas las dificultades, estudiara”, recuerda Sandra Virginia Morales Hernández Epieyu, sentada en su escritorio.

Ella es la secretaria de Asuntos Indígenas del departamento La Guajira.

El empoderamiento no es un arquetipo feminista para Sandra. El empoderamiento, en ella, es una convicción que practica desde niña, ¿cómo?, estudiando, conociendo sus derechos y trabajando por el bien común.

Es psicóloga con una especialidad en docencia universitaria e investigación, y otra en Derechos Humanos. Entre el grado y los posgrados, Sandra comenzó arar su camino en la política.

“Me abrí espacio en el ámbito político sin padrinos. Me inquietaba que las comunidades necesitaban, necesitan, tener representantividad, gente que pueda decir: `mis comunidades están carentes de esto o de aquello´. Y comencé a meterme en el tema de la administración pública. Yo me preguntaba: `¿por dónde arranco?´, porque el espacio político, generalmente, es para los hombres. Y yo: mujer, sola, sin padrinos políticos; además de eso, wayuu, porque para nosotras es mucho más difícil”.

Sandra llegó al Concejo municipal de Uribia. Asegura que fue el pueblo quien la llevó a ese cargo. Y, en esa posición, comenzó a despegar su carrera política-social, enfocada en las comunidades de la Alta Guajira; pero también en la mujer wayuu.

“Me preocupa sobremanera a dónde va la cultura wayuu. Desde ser la madre, la tía, la artesana, ¿qué estamos aportando nosotras para que nuestra cultura se mantenga? Mis conceptos no son bien vistos dentro de la cultura wayuu, porque difiero de muchas cosas. Tal vez porque no tuve padrinos políticos y porque me costó mucho abrirme el espacio sola; pero yo no comparto que, para algunas cosas, nos tratemos con el manto de la cultura y para otras, no; que para unas cosas seamos wayuu y, para otras, no. A mí me gusta la comodidad: mi carro, por ejemplo; pero el día que me toque montarme en un carro sin aire acondicionado, lo haré sin ningún problema. ¿A dónde va mi reflexión? Hay figuras de nuestro entorno cultural y político que son las que hacen la interlocución entre las comunidades y entidades, entre las entidades y la Nación; pero resulta que las comunidades no se sienten representadas por ellas, por aquello de que somos wayuu para unas cosas y para otras, no: cuando tenemos la oportunidad de manejar recursos que pueden beneficiar a nuestras comunidades, ¿por qué pensamos solo en nosotros o menos mal que a nosotros nos queda una ganancia de X o Y situación? Los principales beneficiarios tienen que ser los paisanos, no nuestros bolsillos”.

Además de los cuestionamientos que hace a las prácticas inadecuadas dentro de la cultura wayuu, a Sandra le preocupa profundamente la condición de la mujer wayuu. “¿Por qué nuestra cultura es matriarcal? Sencillamente porque las mujeres somos el sostén de la raza, las encargadas de la crianza; porque somos las que ponemos a los hijos a la hora de un conflicto. Pero, ¿esta boca es mía?: no. Para nada”.

El solo hecho de que la mujer wayuu tenga que aguantar que su pareja tenga varias mujeres y que la maltrate, porque la constante en el hombre es que es maltratador, y nadie diga nada, indigna a Sandra. “Ahí está el manto de la cultura: esta es una comunidad –la wayuu-, donde la poligamia es lo más normal, por tanto eso es visto con buenos ojos. ¡Por favor!”.

Por las no correspondencias que se viven, literal, entre la cultura y la conducta, Sandra apuesta, desde su posición como secretaria departamental de Asuntos Indígenas a la reivindicación de los derechos de las indígenas, no sólo wayuu; sino de los otros pueblos indígenas que habitan en La Guajira: wiwa, kogui, arhuacos y senú.

Su plan de trabajo consta del empoderamiento en los procesos productivos de economía tradicional y artesanal; trabajos tangibles en el ámbito cultural: dignificar a los artesanos, por ejemplo, que se asientan en la avenida Primera de Riohacha, en el Cabo de la Vela… que forman parte del atractivo turístico; que las mujeres conozcan sus derechos sea una política pública, porque hace falta solidaridad de género y eso se logra solo con educación.

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