Caño Sawa anhela ser potencia pesquera

 

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Los pescadores de Sawa deben dividir sus ganancias entre alquiler de lancha, compra de combustible, pago de ayudantes, reparación de redes y adquisición de insumos.

Al salir el sol empieza la faena para los pescadores de Caño Sawa, aproximadamente 30 lanchas se adentran en las aguas del Golfo de Venezuela para atrapar carite y pargo, especies nativas de las aguas caribeñas. Alrededor de 50 familias viven de la pesca, como era de esperarse, generación tras generación ha aprendido el oficio que ha ido más allá del simple hecho de llevarlo a la mesa, se ha convertido en un negocio, tanto, que es vendido en los principales mercados colombianos cerca de la frontera.

En promedio mil 200 kilos son sacados de las aguas de Sawa a diario, su valor se taza a tres mil bolívares por kilo, un solo pescado puede llegar a tener ese peso. Los costos de exportación no son distintos al del mercado interno, llevarlo a Maicao cuesta lo mismo que a Maracaibo, eso sin contar que no necesitan registro de empresas ni el formalismo legal para expender su producto en tierras neogranadinas.

La opción de exportar fue tomada desde hace tiempo, mucho antes que el peso valiese más que el bolívar. Los trabajadores de la mar aseguran que la distribución hacia Colombia tiene mejores garantías porque pueden vender toda la carga a un solo distribuidor, pero detallaron que el 20 por ciento de la pesca se queda en el mercado interno.

José Fernández, pescador, afirmó que en Maracaibo  no quieren pagar lo que cuesta el pescado ni los costos de distribución. Antes bien, un marinero muchas veces no es propietario de su lancha, por lo que la alquila, también debe comprar combustible, pagar ayudantes y reparar las redes.

Así funciona el asunto, según José González  en una jornada se puede obtener hasta 300 millones de bolívares en pesca, la mitad es para pagar el alquiler de la lancha, el resto se reparte entre las cuatro personas que zarpan cada mañana; la reparación de los motores va por cuenta del dueño de la embarcación.

La falta de repuesto para los botes e insumos para la pesca ha encarecido la labor que ejerce en Sawa, por lo que se contabilizan lanchas tiradas al olvido, redes con añadiduras y empalmes, factores de riesgo para que jóvenes y niños aprendan el oficio y peligro inminente de ir a la mar con lluvia.

La necesidad de constituir una empresa, de manera organizada y bajo registros legales, impide también la sostenibilidad de la producción, pues hace un par de años se habló sobre la creación de una cooperativa que duplicaría los puestos de trabajo y abarataría los costos; todo quedo en puras palabras.

 

Jeniffer Villalobos

 

 

 

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