El oscuro negocio de Jouttai

Por Leonel López / @leolopezwayuu

Maicao, Colombia. Desde hace años, en el territorio wayuu se hacen estudios de cómo aprovechar la energía del viento, un elemento natural tan importante y sagrado para el pueblo wayuu, ya que, dentro de su cosmovisión representa a Jouttai. Según el investigador, Ramón Paz Ipuana, en su libro Cosmovisión Wayuu y Relatos sagrados, representa al genio infecundo que preside los veranos, la sequía y la desolación.

La posición geográfica septentrional de la península La Guajira la convierten en una fuente inagotable de vientos, tantos que en el pensamiento wayuu se conocen más de 15 tipos. “Cada uno con su personificación, origen, importancia, períodos y propia historia”, precisa Paz Ipuana.

Un estudio publicado por el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (INDEPAZ), titulado El viento del este llega con revoluciones, describe en sus primeras líneas que “de manera silenciosa se está transformando a La Guajira en la primera potencia de energía eólica de Colombia con proyectos que en las próximas décadas pueden llegar a producir el 20% de toda la energía eléctrica que demanda el país”. Según este análisis, “se prevé que para el 2022 empiecen a operar los primeros parques, para el 2031, en el territorio wayuu de la alta y media Guajira, podrían entrar a funcionar 65 parques, con más de 2000 aerogeneradores produciendo 6 GW (gigavatio) para el sistema de interconexión nacional”.

La iniciativa de estos proyectos corresponde a 19 empresas que ya tienen torres de medición de vientos, estudios de impacto ambiental. Se están tramitando exenciones tributarias, licencias, consultas, y hasta bonos de carbono de los llamados Mecanismos de Desarrollo limpio que se han promovido en el mundo después del protocolo de Kioto.

El texto plantea, además, que “todo está ocurriendo en forma tan vertiginosa y de bajo perfil que no lo sabe el país en su verdadera dimensión y, lo más sorprendente, tampoco tienen conocimiento informado las comunidades indígenas dueñas del Resguardo de la Alta Guajira y ni siquiera las comunidades del área inmediata de los parques, a juzgar por las visitas y entrevistas realizadas por Indepaz”.

Ahora bien, la idea no es causar alarma ni ser prejuiciosos con un proyecto cuyo modelo está basado en energía limpia y más económicas. Pero, ya la pésima experiencia en cuanto al uso del territorio de anteriores proyectos energéticos debe mantener en alerta y meterle lupa a todo aquello que se pretenda ejecutar en La Guajira. Una anotación importante de Camilo González Posso y Joanna Barney, autores del texto citado, es la siguiente:

“Estamos ante una transformación energética extraordinaria y de gran significación para Colombia y el mundo. Son los primeros pasos, pero son pasos de gigante, si valoramos la magnitud de las inversiones, la potencia de las multinacionales presentes y las características del territorio. Y por estas mismas razones es urgente que las cosas se hagan bien, con seguridad jurídica y con garantía de derechos para el pueblo Wayúu que es el dueño del territorio”.

Los contra

Sin embargo, los primeros pasos de estos gigantes que pronto se asentarán en la península de La Guajira ya empiezan a generar alegría en unos y tristeza en otros. Alegría para algunos porque significaría compensaciones por el uso de la tierra, mientras que para otros se traducen en tristeza porque ya se habla con fuerza de conflictos interfamiliares y claniles, incluso el desplazamiento forzado. Tal es el caso de Pastora Pushaina, madre wayuu quien fue obligada por otro grupo familiar wayuu a salir de su tierra. 

“Mi nombre es Pastora Pushaina. Soy wayuu y mi padre que era dueño de Yutou, el territorio ancestral donde vivíamos, pertenecía al clan Epinayuu. Hace un año, tuve que salir huyendo de mi casa, el lugar donde nací y también nacieron mis hijos, porque hace un tiempo llegó una empresa que trabaja con la luz (la empresa a la que se refiere la entrevistada lleva por nombre GEOCOL). La primera vez que llegaron no sabía de qué se trataba, pero después me explicaron que iban a poner unos cables (torres) que pasarían por nuestro territorio. Desde entonces otro grupo familiar que eran mis vecinos, llegaron a decirme que debía salir de allí porque esas tierras eran de ellos”.

Desde entonces, comenzaron las fricciones en Yutou. Y, luego de varias discusiones, con aquella familia que se empecinaba en expulsarlos, un día las cosas se salieron de control, a Pastora y a sus hijas les dieron una golpiza. El escándalo fue tal que hasta tuvo que intervenir la Policía. A partir de esa ocasión, la anciana, evitando un posible derramamiento de sangre, desarmó la vieja casa de barro, selló el pozo de agua que años atrás excavó, tomó sus enseres y el único patrimonio de valor que tenía: unos 70 chivos, y emprendió una larga marcha hacia la Alta Guajira, a las tierras de unos parientes que se ofrecieron a cobijarla por un tiempo.

Sin embargo, su calvario no terminó el día en que empezó su éxodo desde Yutou. “Ya me han robado todos los chivos. Sufrimos por agua. Aquí la plaga de zancudos nos azota por las noches y, hace unos días atrás, unas familias de estas tierras me dijeron que ya debía desocupar este territorio porque, según ellos, les pertenece. Por eso quiero que la empresa Geocol que provocó fuera expulsada de mis tierras, dé la cara y me digan por qué me han ocasionado este gran daño”.

El letargo de Pastora lejos de su territorio es muestra que los proyectos de energía eólica en La Guajira no están arrancando con buen pie. Las consultas previas e informadas no se está haciendo de manera exhaustiva y minuciosa, considerando las complejidades culturales y territoriales de las comunidades wayuu. Evitando, también, en su totalidad algún tipo de impacto negativo como el narrado en líneas anteriores en cuanto a explotación energética en la península La Guajira no empiecen un capítulo más con las mismas historias de agravios y daños irreversibles que la ambición le ha ocasionado al pueblo indígena wayuu.

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