El cuidado espiritual wayuu durante la pandemia

Este artículo lo publicamos en WAYUUNAIKI, el periódico de los pueblos indígenas, gracias a la alianza de ISUR e Internews. Con la campaña ‘Protege a tu gente, protegiéndote tú’ se brindan las medidas de precaución y cuidado a la población wayuu durante la pandemia, siguiendo los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las prácticas de la medicina tradicional wayuu en pro del bienestar de las familias y de las comunidades.

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Comencemos por esto: no somos indígenas. Concebimos la vida y miramos el mundo distinto a ellos. No mejor, ni peor; distinto. Y, en esa distinción, vamos a ubicarnos para reflexionar, sin la influencia de nuestra occidentalidad, cómo gestionan los wayuu -en este caso- las emociones durante la pandemia por la COVID-19.

Según la psicología tradicional, el humano es un ser bio-psico-social. El humanismo, como corriente de pensamiento, le agregó a esa tripartición el componente espiritual. Pero, los wayuu tienen una configuración diferente del ser: todo comienza y termina en la espiritualidad. Por ello, ilustran la vida como una espiral: sí, en femenino, porque la vida es mujer, la da Mma (Madre Tierra) y las mujeres wayuu son las responsables de preservar y de la pervivencia de su cultura. Así que no cabe, para comprender su ser interior, la palabra psiquis ni la salud mental.

Contexto cultural

El wayuu fundamenta su espiritualidad, básicamente, en que haya armonía con todos los elementos de la naturaleza, con todo lo que esté en su entorno: que haya equilibrio en la relación entre los árboles, las piedras, la tierra, los animales, sus pares wayuu. Esto genera armonía y les da una salud interior en óptimas condiciones, explica Yadira Martínez Epinayuu, lideresa de la ranchería (comunidad) Palenstu, en Maicao.

Las medidas tomadas por la pandemia: cuarentena, primeramente; aislamiento social preventivo, afectó al wayuu en su dinámica de trabajo, puesto que, la mayoría trabaja en la urbanidad y depende de un ingreso diario.

Entonces, aparecieron las preocupaciones, porque no tenían los recursos ni podían salir a comprar los alimentos que, por el cambio climático, no pueden cultivar en sus huertas.

¿Cómo procesar esa preocupación del alma): Ahí, entra aquel sueño que tuvo una anciana, en la Alta Guajira, a principio de 2020: «una enfermedad fuerte agobiaría al pueblo wayuu y mandó a consumir plantas: Samuttapai -la planta llamada, también, Mapurite- y tallos de Malüwa que, al prenderles con fuego, emanan un olor similar al del incienso», precisa Manuel Román Fernández, investigador wayuu y pütchipü’ü (palabrero).

Y, estas plantas no sólo son para limpiar el cuerpo; sino también para dispar los espíritus de muerte, enfermedad y calamidad en el pueblo wayuu, agrega Edixa Montiel Ja’yaliyuu, matrona y oütsüu (sanadora wayuu).

Otra manera de gestionar ese desequilibrio interior es ese conversar que tienen las mujeres wayuu, porque ellas son las autoridades espirituales y las encargadas de restablecer el orden espiritual es sus familias, en sus comunidades, en sus clanes (distintos grupos matrilineales que conforman el sistema social wayuu).

En ese intercambio de palabras, explica Martínez Epinayuu, deciden practicar los diferentes rituales ancestrales. Por ejemplo: el Asürla jain (encerrar o aislar el alma), donde el wayuu se aparta dos o tres días de su entorno, sin consumir alimentos para poder lograr el Arrejira jain (regresar el alma). Esta práctica, combinada, siempre con las tomas (infusiones) y baños físicos con plantas tradicionales. Los wayuu tienen, en términos judeocristianos, fe en su medicina tradicional. Por esto, no conciben necesario la atención de un psicólogo u otro profesional de la salud mental.

Por otra parte, el recogimiento, obligado por la COVID-19, ha influido de manera positiva en la cultura wayuu, asegura Montiel Ja’yaliyuu, puesto que ha habido un reencuentro entre las familias; se ha hecho frecuente la práctica de los Círculos de la Palabra, en los que se da ese intercambio de saberes y la transmisión de la sabiduría ancestral a las nuevas generaciones de wayuu; se ha revalorizado la medicina tradicional y los rituales propios.

Realidad asistencial

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), hicieron el documento público Promoción de la Salud mental en las poblaciones indígenas. Experiencias de países en 2014-2015. Por su parte, el Ministerio de Salud, en Colombia, emitió las Orientaciones técnicas con enfoque intercultural para la promoción de la salud mental, la prevención del consumo de sustancias psicoactivas y la conducta suicida en población indígena, desde la Dirección de Promoción y Prevención y la Subdirección de Enfermedades No transmisibles Grupo de Gestión Integrada para la Salud mental. Ahí, están establecidas las estrategias, intervenciones y herramientas; además de las orientaciones técnicas para la sistematización de la validación operativa realizada en tres territorios del país entre los meses de enero a septiembre de 2016, en el proceso de paz.

La pregunta es: ¿están vigentes estos procedimientos?, ¿qué tan pertinentes pueden ser este tiempo de pandemia en un territorio, donde el sistema de salud está colapsado?

También, el ministerio de Salud, lanzó las Líneas de atención para Orientación y Salud Mental en su portal: https://coronaviruscolombia.gov.co/Covid19/aislamiento-saludable/lineas-de-atencion.html, en 10 departamentos; donde no está incluido La Guajira.

Las secretarías de Salud municipales, en La Guajira, no incluyen sus planes de atención en salud mental: la presencia de un oütsüu, por ejemplo, sería idónea en las IPS Indígenas de los 15 municipios del departamento fronterizo, en el que, además cohabitan cinco pueblos indígenas.

¿Dónde están el enfoque diferencial, basado en la pluriculturalidad de los territorios, y la democratización de la salud, en este caso, mental?

No existe tal enfoque diferencial y la democratización de la salud mental queda en entredicho: en La Guajira, las políticas públicas en salud no están del todo diseñadas en función de las características del territorio: carecen del componente espiritual wayuu, arhuaco, kowi, wiwa y kankuamo.

Y, actualmente, el Estado colombiano está de brazos cruzados en el segundo departamento más pobre, según Prosperidad Social, debido a la presencia de las diversas organizaciones de la Cooperación internacional que desarrollan programas de atención a las poblaciones migrantes y retornada y, por efecto carambola, alcanzan a los colombianos y colombianas que habitan en los municipios fronterizos.

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