Historia y fuerza de un antepasado guerrero / Nüchiki nütchin wanee atkaai kama’aichi

Estaba cubierto por una tela fina roja y blanca que resaltaba entre la multitud. Hasta la luna se impactó con su llegada. Los invitados se maravillaban con su andar, mientras los kanasü (dibujos antiguos) parecían salid del tejido realizado, honrosamente, por una anciana. Era un hombre wayuu con su she’i, revelando todo su poder y maestría mediante su masculinidad, con el regalo de sus antepasados guerreros.

El wayuu demostraba su fuerza en el vestir. Cada trazo en su traje tejido es preciso y perfectamente diseñado por una mujer. El rojo y el blanco significan vida, y los kanasü representaban figuras de animales que conviven en su hábitat en la Guajira: la mosca (ja’yamülerüyaa) o el comején (rulumayaa) que reflejaban su quehacer cotidiano.

Desde la cosmovisión

Se cree que el origen del she’i proviene de una costumbre de los ancianos wayuu, quienes, a manera de distinción, cubrían su guayuco con una tela especial, generalmente de seda importada, que enrollaban varias veces alrededor del cuerpo, abultando las caderas Por su importancia en la sociedad, solían vestirlo en reuniones familiares o cuando asistían a centros urbanos.

En el libro Geografía Humana de Colombia, Nordeste Indígena (Tomo II) se describe que el primer vestido del niño wayuu era el guayuco, que se sostenía con una si’ira (faja) tejido por su madre o por las mujeres de su casa. Cuando se convertía en joven calzaba guaireñas o sandalias rústicas con suela de cuero o de caucho y correas de cuero cubiertas sobre el empeine, tejidas de material sintético.

¿Evolución o transformación?

Para el antropólogo wayuu, José Ángel Fernández, la forma de vestir wayuu “se fue rediseñando, renovando desde el guayuco hasta el she’i -túnica parecida a la que usan los jefes árabes con una tela que cubre todo el cuerpo- utilizado por el líder o el hombre de poder. La vestimenta de gala no estaría perfecta sin el accesorio especial que simula un sombrero tejido llamado tolooma, con hilo desmontado del algodón y hecho por las mujeres”.

Michel Perrin, en su libro Creaciones míticas y representación del mundo: el hombre blanco en la simbología guajira, describe los cambios que ha experimentado la vestimenta del hombre wayuu. “La ropa wayuu es testimonio de antiguos contactos con la sociedad de los alijuna, de un largo recorrido en común con durante el cual los elementos del vestido fueron tomados prestados o impuestos y, después, incorporados a la tradición”.

El traje del niño, joven o adulto wayuu se transformó. Ahora, el indígena lleva un sombrero de enea o de fieltro tejido con colores fríos para protegerse del Sol. A su vestimenta le agregaron la kamiisa, de confección alijuna por la frescura de la tela, el pantalón de color claro y las gafas oscuras estilo aviador. También, utilizan una faja pequeña en la que cuelgan pequeñas mochilas tejidas por las mujeres que sirven para guardar dinero y los documentos de identidad.

Los cambios en la vestimenta wayuu son consecuencias de la transculturización: del she’i a la kamiisa, del guayuco al pantalón, del tolooma al sombrero, evidencian que el vestido ancestral wayuu quedó para las representaciones culturales de la yonna y el kaa’ulayawaa.

En la actualidad, los she’i casi ni se ven, aun cuando se acostumbraba a enterrar a los hombres con él. Sobreviven algunos que han dejado como herencia los ancianos de algunas familias.

Es difícil volver al hombre que caminaba por las sabanas, despertando la curiosidad de quienes lo miraban, al igual que las fiestas en la Guajira.

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