La mendicidad aumenta en Mercamara

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El reloj marcaban las tres de la tarde, el tiempo estaba nublado, era un día domingo, muchos padres aprovechan este día para llevar a sus hijos a centros comerciales y otros simplemente se quedan en sus hogares para cuidar de ellos. Sin embargo, en el Mercado de Mayoristas  Mercamara, ubicado en el estado Zulia, municipio San Francisco,  aguardan a  todas horas niños desde los 5 años de edad a la espera que entren los camiones cargados de frutas y poder meter algo en sus bolsos para llevar el alimento a sus hogares.

¡Corre, corre, corre, hay viene! Son las primeras palabras que gritan los niños al ver un camión 350, color azul, cargado de topocho, plátano y auyama. El conductor estaciona el vehículo y tres hombres  comienzan a descargar la mercancía, mientras los niños están abajo a la espera que caiga algún plátano o topocho para recogerlo y guardar en su bolso.

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Mientras descargan el camión unas gotas de lluvia empiezan a caer, pero  esto no es impedimento para perder la oportunidad de obtener algún fruto: “todo lo que se caiga al suelo es de nosotros, el primero que lo agarre es de él, aquí gana el más vivo, el más ágil” exclamó Mario Semprún, un niño con apenas 8 años de edad.

Más de una docena de niños aglomerados al camión impiden la facilidad de la descarga y para ahuyentarlos, empiezan a lanzar al aire los topochos uno por uno para que  los niños salgan  corriendo a recogerlos y despejen el área. Correr de tras de un caramelo como lo hacían los niños en una fiesta infantil quedó en el olvido, hoy en día,  salen corriendo para poder  llevar algo a sus hogares y así calmar la ansiedad de comer.

Al terminar de descargar el camión, los niños se suben a la unidad para recoger lo que quedó de mercancía en el planchón, 5 minutos son suficientes para que despejen el lugar.  En sus rostros se ve la  desesperación y  hambre.

Cuando se va el camión empiezan a caminar por todos los puestos uno de tras de otros como si fueran hormigas. Un niño de 10 años, moreno y de ojos achinados que lidera el grupo va golpeando con el pie  los racimos de topocho para desprenderlo y así el que viene detrás pueda recogerlo.

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Martin Ramírez, comerciante del mercado, argumentó que: “estos niños vienen todos los días buscando algo para llevar a sus hogares, mientras no entren los camiones cargados con mercancía no veras a ninguno, la demora es que entre tan solo un camión, saldrán como hormigas de todas partes cazando lo primero que caiga al suelo”.

Como estos niños hay muchos en todas las ciudades del país que deambulan buscando que comer, en algunos casos sus  padres los envían a pedir dinero o alimento, sin embargo, están incurriendo con la Ley Orgánica para la Protección de niños, niñas y adolescentes (LOPNA).

Por su parte, Jesús Laza, abogado, corroboró que “La persona que viole cualquier derecho del niño, está sometido a una pena contemplada en el Código Penal, que se establece como la mendicidad, cuando tu colocas un niño a trabajar o a  solicitar estas violando esos derechos que son inherentes al niño y lo establece el Código como una falta al que lo haga o lo practique”.

Laza argumento que: “la persona que infrinja desde el artículo 3 al artículo 89 en la LOPNA incurre un delito que amerita privativa o prisión desde tres meses a un año. En los padres si se comprueba que esta práctica es recurrente podrían imputar la pena de un año,  la privación de la patria potestad y la custodia del niño pasaría a un centro de atención a orden del Estado”. Acotó el abogado.

 

B/C

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