Las libélulas de Juya / Juli’iru numaa Patchono´ui

Por Manuel Román Fernández

Los wayuu son hijos de Juya (el dios de la Lluvia es el dios de la Lluvia, el relámpago y el trueno; de espíritu errante, patrón que reproducen los wayuu varones y que representa la fertilidad) y de Mma (la Madre Tierra). Este proceso paso por cuatro generaciones hasta llegar a la generación de los wayuu. Primero, la generación de los Pulashii, que abarca los grandes genios; la generación de los Wunu’u, las plantas; la generación de los Uchii, los animales; y la generación de los wayuu, el hombre.

Un día, Juya estaba descansando después de una fuerte faena de recorridos por todos sus predios en los confines del mundo. Había pasado cierto tiempo desde su última visita a sus hijos en La Guajira, lo que le motivo su preocupación de saber en qué condiciones estaban.

Entonces, mandó a llamar a una de sus hijas, Juli´iru (Mariposa).

“Juli´iru pu´unapa pupalapuluin tamuin tachonnii chaýa wajiirumuin, eere ee notjorulee wuinñ nama´ana” / “Mariposa, hija mía, ve ha saber cómo están mis hijos, tus hermanos, en La Guajira. Y, tráeme razón de ellos y de sus animales”. Y, así fue. Emprendió su recorrido y después de varios días llegó a la península de La Guajira.

Pero, Juli´iru fue tan insensata con los wayuu que, en su andar por la inmensidad de las sabanas y montañas de La Guajira, en el camino al ver la orina de los burros, caballos, vacas entre otros animales, pensando que era agua de lluvia, regresó nuevamente a darle la gran noticia al padre creador, Juya, diciéndole que sus hijos ya tenían abundancia de agua. Cada vez que la enviaban decía lo mismo, cuando, en realidad, en La Guajira lo que hay es sequía por el verano.

La duda y la certeza

Juya dudó de las palabras de Juli´iru. “Me da la impresión que mi hija, Juli´iru, me está mintiendo. Mejor envío a mi otro hijo, al incansable Patchono´ui (Libélula) que es mas rápido. Sí, eso haré”, dijo Juya.

“Ipu´unapa palapuluin tamuin tachonni cha´ya wajiirumuin, eere ee notjorulee wuinñ nama´ana!” / “Hijo  mío, anda y mira cómo están mis hijos, tus hermanos, en La Guajira y tráeme razón de ellos, si tienen agua y alimentos”. Y, así fue. Patchono´ui emprendió su recorrido a La Guajira, donde vio pura miseria: los animales putrefactos, porque murieron del hambre y de la sed.

Entonces, Patchono´ui regresó de inmediato a contarle a su padre la mala noticia.

“Juya, taataa, muliashaanashii ma´i puchon-nii, jawaliwa´atsu muru´ulu jutuma miaasu ee jamu”. / “Gran padre Juya, tus hijos y sus animales se están muriendo de hambre, están harapientos por la miseria que los azota por el intenso verano”.

Juya le respondió: “Está bien, hijo. Gracias te doy por decirme la verdad y vámonos ya para darle apoyo a mis hijos de La Guajira. Vaya y siga usted delante de mí y me indica el camino por dónde debo ir”.

Los regalos de Juya

Llovió, porque Juya llevó el regalo a sus hijos.

Cuando se oyen los truenos de Juya en las serranías, es alegría para los wayuu. Comienzan a limpiar sus conucos (a´pain o Yuuja), para cuando apenas llueva, procedan a sembrar y asegurar sus alimentos para el próximo verano.

Cuentan los ancianos wayuu que, desde entonces, Juli´iru es la culpable de la escasez de agua en La Guajira. Mientras que Patchono´ui representa al hijo fiel y obediente a su padre, Juya. Y, cada vez que está próximo a llover, es notable la presencia de las libélulas, porque anda recorriendo los lugares antes de caer la lluvia.

Detrás de las libélulas viene Juya. Y, viene a traer mucha abundancia a sus hijos en La Guajira.

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