“Tenemos que crear otra civilización desde nuestra cultura”

En una mesa del patio principal del Centro de Convenciones de Cusco, estaba César Aguilar “Chillico”, promocionando sus revistas de caricaturas y recibiendo saludos de los asistentes del Encuentro Internacional de Comunicación Indígena.

En este importante evento que reunió a comunicadores y activistas indígenas de toda América, la caricatura como medio de comunicación no podía estar ausente. Tras unos vasos de mate de coca y un par de fotografías, Servindi le entrevistó.

—¿Quién es “Chillico” y cómo definirías tu arte?

De formación soy artista plástico, pero en el camino me ha ganado más la caricatura, la historieta y el humor gráfico. En 1992, lanzamos la revista de humor, caricatura, historieta y arte Chillico (“saltamonte” en castellano). A partir de esa revista hemos encontrado un espacio de expresión de nuestro pensamiento, reflexiones, visiones, y nuestra lectura sobre la política, la sociedad, la cultura y los procesos de manera libre. Para nosotros, es un espacio de expresión libre sin ningún tipo de coacción. Hemos cumplido 26 años y es una experiencia muy interesante. A parte de eso laboro en el semanario Hildebrandt en sus trece.

— ¿Qué otros temas tratas en tu caricatura además de política?

Trato asuntos sociales y culturales. Por eso mismo he venido al Encuentro Internacional de Comunicación Indígena, porque es una expresión de sentimiento andino que se ha definido en nosotros, junto con esos temas de colonialidad, de cultura, de cómo construir una nueva civilización fuera de esta civilización occidental que ha creado el capitalismo y que está terminando con el hombre mismo.

Nosotros tenemos que crear otra civilización desde nuestra cultura, lengua, nuestras costumbres y vivencias, y desde nuestras formas peculiares de vivir en armonía con la naturaleza, ya que somos parte de ella y la Pachamama es nuestra madre. En cambio para el pensamiento occidental la Pachamama es un objeto y un recurso más para generar ganancias.

— Desde tu perspectiva, ¿cómo la caricatura puede contribuir con la comunicación indígena?

Bastante. A este evento he traído los cuentos de José María Arguedas en versión de historieta. Por ejemplo, La agonía de Rasu Ñiti, el cual nos hace ver como la cultura andina se transmite de generación en generación. O El sueño del pongo, el cual, a través del sueño, el indígena o campesino se venga utilizando el pensamiento religioso occidental. También he llevado a la historieta los orígenes de la cultura inca o andina, por ejemplo, el mito de los hermanos Ayar o los Comentarios reales de los incas del Inca Garcilaso de la Vega, sin mencionar los 44 números editados de la revista Chillico.

— ¿Cuál sería el público ideal de tu caricatura?

Nosotros hemos empezado haciendo caricatura política sin pensar en ello, pero después de muchos años nos dimos cuenta que la revista, por su carácter humorístico y la diversidad de temas en dibujos, gusta a grandes y pequeños. Hay padres que compran nuestra revista, pero son los niños los que la leen. Ya podemos decir que tenemos nuestro público.

— ¿Has pensado en trabajar caricatura en lenguas originarias?

Sí. Justamente en la revista Chillico tenemos dos o tres páginas en quechua y no les agregamos traducciones porque así tiene que ser. Tienes que leerlo en el idioma original. El que quiere entender tiene que saber quechua.

— ¿Crees que la historieta como forma de comunicación se encuentra en crisis frente al vídeo, el Internet y los nuevos medios?

Con este asunto de la tecnología y las redes sociales, ha bajado no solamente la lectura de la historieta, sino la lectura a nivel general tanto en el Perú como en el mundo. Sin embargo, la historieta como medio siempre ha tenido su público objetivo, gracias a la historieta que ha conquistado el mundo como la de los superhéroes o la novela gráfica que se ha desarrollado en Europa y Estados Unidos, y que está incursionando en el Perú, o el manga japonés. Yo diría que la historieta no ha muerto ni creo que va a morir debido a su público.

— ¿Qué desafíos implica trabajar caricatura política? ¿Has sufrido persecución por tocar este tema tan delicado?

Claro, en algún momento el ‘toledismo’ quiso verme tras las rejas, pero felizmente eso se ha superado. Tenemos un contacto popular y el pueblo nos ha apoyado a través de sus organizaciones. Yo señalaría que la caricatura es propia de los medios escritos o de imprenta, pero en el Perú se ha reducido estos espacios para la caricatura de crítica política, aunque hay espacios para el humor político, el humor chabacano, el humor de la fuerza del golpe y de las calatas, pero no hay casi caricatura o humor político de crítica política que sea ácida y coherente. Somos también pocos caricaturistas en el Perú por eso mismo, porque no hay espacio laboral.

— ¿El caricaturista puede beneficiarse de la tecnología para tener espacios de difusión o siempre necesita del papel y los medios impresos?

Bueno, las revistas o los periódicos eran la casa natural de la caricatura, pero esta ha pasado ahora a encontrar espacios en las redes sociales o medios digitales. Sin embargo, el asunto es que difundir por estos nuevos medios no es remunerado. Sirven para poder expresarse, pero, ¿de qué vive el artista? Ese es un problema vigente: el problema del artista.

— Finalmente, ¿cómo ve el Encuentro Internacional de Comunicación Indígena y que espera de este importante evento?

Tengo una opinión interesante sobre este tipo de eventos, el cual nos permite reflexionar sobre nuestra situación como culturas indígenas en el Perú frente a un estado monocultural que se ha constituido desde la creación de la República. A puertas de celebrar 200 años desde la independencia los criollos no se han dado cuenta que existen otras culturas y gentes con sus propios idiomas y comunicadores. Pienso que en el futuro la comunicación debe orientar y liderar a que estas culturas aspiren políticamente a tener cuotas de poder y nosotros mismos podamos decidir nuestro destino económico, social y cultural. Me parece que ese es el camino.

Fuente: Servindi.

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